miércoles, 3 de febrero de 2010

Salinger

Ha muerto Jerome David Salinger.

El esquivo escritor (un tipo que vivía en una casa apartada, espantaba a base de perdigones a los curiosos y que concedió su última entrevista hace treinta años) ha expirado el 28 de enero de 2010 a los 91 años; de muerte natural, dicen. Y los que escribimos en este blog nos vemos en el deber casi moral de reseñar, por fin, uno de los mayores fenómenos literarios del siglo XX: El guardián entre el centeno.

Y no, no me parece descabellado hablar de "fenómeno", porque ahora mismo no se me ocurre ningún libro que haya provocado tanto de tanto (escándalo, controversia, adicción, inspiración, leyenda urbana, fanatismo...). Pero creo que este no es el espacio idóneo para regalar al visitante hornadas de chascarrillos: quines deseen conocer mejor a los serial killers y a las stars que veneran El guardián entre el centeno, que chapuceen en Google...

El carismático protagonista de esta historia es Holden Caulfield, un muchacho de dieciséis años de buena familia, muy espabilado, mal hablado, ingenioso y repollo pero pésimo estudiante, que está a punto de ser expulsado del cuarto caro colegio donde estudia. Esto lo sabemos ya en las primeras páginas del libro, narrado en primera persona, donde leemos también cómo se pelea con un repelente compañero de estudios por una chica.

Pero no son sólo sus fracasos académicos y sociales lo que le lleva por la calle de la amargura; digamos que a tan corta edad, Holden es un hombrecito completamente consciente de que no le gustan ni un pelo el Mundo y sus habitantes. El inconformismo y el deseo de huir de las garras de la cruda realidad provocan que antes de ser expulsado oficialmente de su centro, huya un fin de semana a la big city de Nueva York. Allí vivirá experiencias de todo tipo, intento de perder su virginidad con una prostituta inclusive...

La galería de personajes que nutre la historia no tiene desperdicio, y el ácido jovenzuelo de apellido Caulfield que la describe no tiene piedad. Ni siquiera es clemente con su hermano mayor, un afamado escritor en Hollywood, o con sus padres, hombre de éxito él y mujer melancólica ella, debido a la muerte por leucemia de uno de sus hijos (al que Holden adoraba).

Lean este libro y conozcan a Holden, Holden Caulfield. El chico que desea dedicarse a evitar que los niños que juegan en los campos de centeno caigan por el amenazador barranco que lo limita por alguna parte. El chico que no quiere crecer. Un Rimbaud, un Peter Pan, un Jo March...

He de decir que en un primer momento, El guardián entre el centeno, caracterizado por su lenguaje rapidísimo, directo y poco floreado, y centrado en la mente ágil y mareante de un adolescente inquieto con respuesta para todo, me pareció algo sobrevalorado. Pero ahora lo considero una de las mejores novelas iniciáticas que he leído, y a HC, uno de los seres literarios más particulares de todos los tiempos. Será que hay que tener cierta edad para comprender que el paso del tiempo expropia muchos tesoros: ciertos años para que en uno se frague el deseo de ser guardián de campos de centeno.

Como último detalle, he aquí esta lucidísima opinión de Benedetti sobre Salinger: “Ni se droga ni se escapa; es un atrincherado, pero no un evadido”.